UNA TRADUCCIÓN DE `DE QUINCEY´

Malena Low

Lo que sigue es una traducción, la primera en español hasta donde yo sé, de un manuscrito (unas notas sueltas, de a ratos inconexas) de Thomas De Quincey en el que continúa su serie sobre el asesinato como una de las bellas artes. Eso parece ser: el boceto para un nuevo artículo que continuaría “On the Knocking at the Gate in Macbeth”, los dos artículos que componen “On Murder Considered as one of the Fine Arts”, pero que se situaría (creo) antes de “Postscriptum”, ya que hay un acuerdo unánime entre los críticos especialistas en que estas notas se fecharían en 1844.

Traduje este texto hace dos años, cuando me drogaba bastante y me agarraba un frenesí de hacer cosas (me acuerdo muy poco de algunas noches) y no era un conejo miedoso entre algodones como soy ahora. Tal vez este blogcito no sea el lugar indicado para un trabajo académico así, pero no estoy muy convencida de que haya que respetar ese tipo de rituales. Me dan más ganas de liberarlo que de esperar oportunamente a confeccionar una publicación que me dé antecedentes y puntajes académicos.

Tengo una relación rara con la academia, un amor odio muy fuerte, una especie de síndrome de Estocolmo que me mantiene como una eterna estudiante enamorada que se resiste a recibirse. Soy bastante complaciente con mi ser estudiantil, me da ternura revisar mis apuntes, llenos de colores y dibujos. Aún así tengo una cierta dificultad para adaptarme a lo que me piden. Esto iba a ser parte de una publicación en el marco de la facultad, pero ya saben cómo son las cosas burocráticas. Mi profesor Jerónimo Ledesma (un amor total) me instaba a que lo entregara como trabajo final en un seminario, pero hacerlo correctamente implicaba escribir un comentario bibliográfico haciendo un análisis crítico y pormenorizado, escrito en el típico lenguaje neutro y fingiendo demencia de lx humanx que soy, con todos mis problemas y mis encantos. En el medio aborté (todavía no era legal el aborto en Argentina), me tuve que mudar turbulentamente de una casa por culpa del canalla hdy que me alquilaba una habitación, etc, etc. Tal vez algún día lo retome y haga de cuenta que nunca salió en ningún lugar para que me lo publiquen en un libro. Ahora tengo ganas de regalarlo a internet.

También pensaba últimamente, hablando con mis amigxs del taller de Clau que no me gusta ese prejuicio total que hay sobre la escritura académica, ese manto de poco glamour que tenemos lxs estudiantes y que sí tienen — a veces — lxs poetas, críticxs, cuentistas, etc. La universidad para mí es como un océano de textos geniales, profesorxs increíbles y ciertas reglas institucionales muy fáciles de sortear, estafar y tergiversar, aún si eso termina en autoboicot. Los artículos, ensayos, papers y bla bla bla tienen su rictus estúpido pero no veo por qué no pueden ser una fuente de ideas espectaculares. Incluso el ámbito de la investigación es un gran motor (a veces, cuando se junta con artistas, militantes, pensadorxs, etc) de cambios mejores y actitudes revolucionarias, y también un gran lugar de intervención, ¿o no? Además, qué linda es la escritura híbrida, mantener los rastros de todos los mundos que habitamos y que a veces no parecen cruzarse entre sí.

El último blablabla que tengo para aclarar es lo siguiente: mi traducción fue hecha a partir de las transcripciones confeccionadas por Alexander Japp (1891), Frederick Burwick (2003) y Robert Morrison (2006), tres especialistas en De Quincey de habla inglesa. Los originales a partir de los que ellos trabajaron, que se asume que pueden ser hasta cinco notas manuscritas diferentes, se archivan en Dove Cottage, la Universidad de Boston, la colección de Paul Betz en la Universidad de Georgetown y otro paradero que no se pudo rastrear desde la edición de Japp. Opté por un criterio de traducción que hiciera al texto lo más fluido y orgánico posible (lo mismo hace Morrison en su edición en inglés) para una lectura en español. Eso me llevó a algunas modificaciones en el orden sintáctico y de puntuación, entre otras operaciones. A veces lo aclaro en unas notas al pie realmente insoportables, en las que ahora, releyendo, siento que le estoy hablando directamente a mi profesor. Pero como dije antes, casi no me acuerdo de cómo hice esta traducción ni las decisiones que tomé, algunas parecen hechas por otra persona. Decidí dejarlas por esa complacencia que le tengo a mi yo estudiante, incluso cuando me pongo ridícula como es el caso de estas notas al pie. Mi única prioridad era generar un material de estudio provisorio para lectorxs hispanohablantes porque aunque tal vez yo no tenga mucho rigor de investigación pienso eso, que el trabajo académico a veces se trata de otras cosas, como facilitar la disposición de materiales en lugar de armarse el kiosquito de lx especialista y de alguna forma poner un cerco a los saberes.

Para descargar la traducción, dejo acá el link.

Se nota que había estado husmeando manuscritos medievales por la forma en que tomaba apuntes.


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