ANA KOZEL: ARS AD ASTRA
Yael Desbats
Un silencio y los astronautas empiezan a llorar. Se reparten pañuelos de papel en medio de un viaje alrededor de la Luna. Están a punto de perder la comunicación; van a pasar por la cara oculta y las ondas de radio viajan en línea recta (o no se curvan demasiado como para esquivar la Luna). Se trata de la nave Orión, de la misión Artemis: una especie de reinicio de la carrera espacial para ir a Marte.
Es 1995 y la artista Ana Kozel se convierte en la primera mujer argentina y latinoamericana en exhibir una obra de arte en el espacio. La Agencia Espacial Europea lanza una convocatoria y selecciona a veinte artistas para participar de una exhibición en las paredes interiores de la nave rusa Mir. Las obras se ubican frente a una cámara que transmite la inauguración en directo con lxs artistas participantes en la Tierra. Se les pide que sean livianas, de formato 20×30 cm y hechas con materiales aptos para el
espacio. En el evento uno los astronautas de la misión selecciona una obra que quedará de manera permanente en la estación espacial; el resto regresa a la Tierra. “Ars Ad Astra” es el título que lleva la exhibición y marca un antes y un después en el género del arte astronómico.
1981. La Sociedad Planetaria de Carl Sagan celebra el Planetfest y la llegada de las primeras imágenes de Saturno recibidas desde la sonda Voyager II. Se reúnen científicos de diferentes ámbitos académicos y buscan análogos extraterrestres en la Tierra. Organizan talleres en desiertos y volcanes con el fin de exponer el cuerpo a situaciones extremas y de alguna manera condicionar la representación. Escriben el primer manifiesto sobre el arte del espacio con lo siguiente: “El arte astronómico debe basarse en hechos o teorías científicas y representar de manera verosímil paisajes espaciales, diferenciándose de la fantasía sin perder la libertad estilística”. Con esto introducen el concepto de estilo y desde el rigor científico marcan la norma pero no niegan la tradición de la ilustración heredada por los que leyeron libros de ciencia ficción.

En Nueva York la performance explora análogos gravitacionales. La bailarina Trisha Brown añade la noción de gravedad a sus obras y utiliza arneses y poleas para aplicar los principios de la física y desorientar el sentido de equilibrio de lxs espectadores. El artista mexicano Nahúm somete al cuerpo a un estado de ingravidez producido por un vuelo parabólico. Invita a diferentes artistas al Centro de Entrenamiento de Cosmonautas en Rusia para experimentar la caída libre. En esas condiciones lxs artistas producen obras que luego se exhiben en “Matters of Gravity”. Ambos casos ensayan sobre la desorganización de la materialidad del cuerpo y el impacto producido en la subjetividad por la tecnología al reconfigurar la materia. El trabajo que hace la NASA.
Ana Kozel falleció el 1 de abril de 2024, dos años antes del día que despega la nave Orión hacia la Luna. Algunas de sus obras pertenecen al Museo del Aire y del Espacio en Washington y al Planetario de la Ciudad de Buenos Aires “Galileo Galilei". Ana creció en un pueblo de la provincia de Buenos Aires cercano a Punta Indio. Miraba el cielo y fantaseaba con la idea de ser astronauta (a muchxs nos pasa). Esta es la llave conceptual para acceder a su obra. Fue miembro de la Asociación Internacional de Artistas Astronómicos (IAAA), fundada en aquel evento de 1981 con el apoyo de Carl Sagan, y transformó la llanura pampeana en un observatorio para lxs astro artistas del norte. Su obra deja un antecedente del arte astronómico en nuestro país y abre una nueva incógnita sobre qué queda adentro y qué se sacrifica en el recorte del arte contemporáneo.
