MAGNOLIA

Magdalena Testoni

Hay gestos que detienen el tiempo. Son acciones entre paréntesis, que reclaman una atención particular. Tiene que ver con estar presente. Por ejemplo, contemplar, pintar o recoger una flor del camino. Movimientos que abren la antena, que conectan a uno con otra cosa. Es decir, nos sintonizan con algo más de lo que formamos parte. Al mirar un paisaje ya sos parte del paisaje. Es una relación que saca a uno de sí mismo para devolverlo con todo lo que está alrededor. Una vuelta que trae consigo algo más, que lleva el afuera más adentro y sugiere otra forma de mirar.

Las pinturas de Mateo Valbuena nos acomodan en un paisaje extraño, un paisaje que podríamos ver con los ojos cerrados. Es una forma de pintar que acompaña esa mirada, entre la sugestión, el recuerdo y la expectativa. Las cosas parecen estar a punto de, no terminan de ser algo que ya son otra cosa. Las figuras que asoman por acá se diluyen un poco más allá. Parecen recuerdos difusos, ideas de paisajes que podríamos reconocer pero hasta ahí, hay algo que queda desatado, fuera de control.

Me arriesgo a pensar que eso responde a la libertad que Mateo le da al pincel. Su manera de pintar es amiga de las contradicciones. Rompe el vacío con propuestas que luego interrumpe para dar lugar a nuevas consignas. Las restricciones invitan a espabilarse o a la reflexión infinita, ya sean propuestas hacia afuera o hacia adentro del pensamiento, son pinturas que te ponen en movimiento. Estas inquietudes conviven con ese gesto de dejar al pincel soltarse de vez en cuando. Un paseo en el que no se sabe bien quién lleva a quién, en el recorrido que va de la idea al lienzo, a la mirada, de acá para allá, sin detenerse; un vaivén suave de formas a punto de ocurrir.

Las pinturas de Mateo parecieran decir que las cosas no son tan así. Si el hielo también quema y la luz ciega, no hay nada que sea tan determinante. La ventana se desvanece en la mirada hacia afuera, otro sol es el que amanece y uno puede ser un eco de las cosas que están fuera de sí.

Son pinturas animadas por un ansia que busca no recostarse en lo cómodo, sino alimentar una intriga. Estrategias que señalan salidas en lo oculto, en los destellos de afuera que quedan vivos cuando cerrás los ojos. Lo importante no es entender, o llegar, o complacer, lo que importa es seguir buscando. Tomar lo que esté a mano para seguir. Mirar estas pinturas es como recoger una flor del camino: arrastrar, por un rato, el paisaje con uno mismo.

Magnolia, de Mateo Valbuena. Del 13 de marzo al 20 de abril en BAC Galería de arte — 12 de octubre 658 — Salta.


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