LOS CABALLOS NO COMEN BOMBONES

Paula Trama

Estuve unos días leyendo la nueva compilación de conversaciones de Hebe Uhart que publicó Mansalva y escuchando algunas de sus entrevistas en youtube, una en particular en la que dice: “eso de la charla magistral me asusta un poco, yo prefiero llamarla charla artesanal”. Me quedé pensando en qué será la artesanía para Hebe Uhart. Si tiene que ver con el tono dudoso que practica, en su manera de despreciar los tonos impactantes para poder escuchar algo que resuena por detrás. 

En los taxis, y otros lugares de encuentro con desconocidos, dice que es contadora. Hace uso del equívoco detrás del contar: pesos, historias. Entre quienes la saben escritora prefiere llamarse docente, elige la tarea por sobre el arte, pero no sé si en el sentido social de Namuncurá ¨quiero ser útil a mi gente¨, me pregunto si le hubiera parecido jactanciosa la idea de utilidad. Porque como docente, tampoco se consideraba magistral. Se recordaba por momentos contenta y por momentos haciendo el ridículo ante adolescentes con los que recuerda haberla pasado muy mal por no ser lo suficientemente mandona: “Es que imaginate un adolescente te pregunta -profe, abro la ventana o la dejo cerrada?” Y yo les digo “-no sé, hacé lo que quieras- Ya está, en un instante sacan la cuenta y piensan: -con esta hago lo que se me canta”.

La idea de falta de autoridad es importante porque no es solo un malentendido, es más bien una marca de estilo. Hebe se recuerda preocupada pensando en la frase bíblica “a los tibios los vomita Dios”, y a la vez con esa blandura se escapa del magisterio. Tibia es la temperatura en la que sus percepciones fermentan: estudia Filosofía “por descarte”, observa a esa chica que no es “ni fea ni linda”, se vuelve cronista por falta de ganas de inventar y cuenta cómo viajó a un pueblo a buscar refranes y volvió sin nada. 

Se consideraba una provinciana de Moreno, construida contra la porteñidad y su raciocinio. Ser bonaerense, como ser del campo, implica estar en constante confrontación con vidas raras. Con experiencias sin remate y un ruido ridículo de fondo. Hebe confronta una madre de pueblo a la que le dicen “qué bonito es su bebé” y responde “sí, es muy sanito, más que bonito” con la madre porteña que, al comentario de “qué lindo es su bebe”, responde “sí, es un poco menos estrábico que Sartre”. 

Pensaba la escritura por fuera de la técnica, pensaba al escritor como alguien obligado a traer algo nuevo algo y especial, que es fruto de algún tipo de conocimiento alcanzado en excesos parecidos a los del ser adolescente. Al parecer, su devenir cronista, que se intensifica en sus últimos diez años de escritora, podría ser parte de ese hallazgo personal mayor. Un gusto fuerte por observar y retratar lo insólito de las hablas, una curiosidad mansillesca por sumergirse y conversar con los otros. Una artesanía que se borda a dos agujas: una desprecia alto algo notable, la otra resalta algo mediocre.

Fue una aburrida niña de provincia, y de aburrida dice haber inventado un juego solitario al que llamó “desfulanizar”. El juego consistía en observar a una persona, sacarle todos los rastros de su apariencia y capturar algo esencial. Por ejemplo, ella miraba al almacenero y se concentraba en retirar mentalmente todas las sensaciones propias de saberlo almacenero. Cuando lograba verlo como un ente, ahí lo había desfulanizado.

Las crónicas parecen ser una artesanía similar, de ojos y oídos, que buscan observar y escuchar desfulanizando. Al leerla y escucharla nos va queda un bordado raro y común con raros caballos y raro gesto refranero (un género que le interesaba especialmente), cosa que me recuerda a dos frases que cita repetidamente en sus entrevistas. Una se la dice un paisano, en un pueblo: “a veces ves venir un caballo de frente, y es igual a un cristiano”. Otra la leyó de niña y le quedó guardada, en un libro donde Goyeneche cuenta algo que solía decirle su mamá:  “los caballos no comen bombones”. Cuando las dice se ríe, sin agregar nada, y parece que absorbe de la música de las frases una sobrada autoridad.


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