REPERCUSIONES DE LAS AGUAFUERTES IV

Nazarena Mastronardi

Leo un Aguafuerte de Roberto Arlt por día y escribo algo. Los iré publicando una vez por semana acá, como si fuera una columna o sección del diario, como hacía Arlt con sus Aguafuertes en el diario El mundo. Los aguafuertes eran una mezcla de crónicas, ensayos, vivencias, reflexiones sobre lugares, personas, personajes, etc. que publicó durante los años veinte y treinta del siglo pasado. Son textos de una hoja y media generalmente. Hay más de mil. El titulillo de lo que escribo es el de la aguafuerte que leí. 

El bizco enamorado

No soy millonario así que primero que nada no voy a comprar ninguna obra. Yo soy artista. Movía los brazos como un caniche, de esos que son chiquitos y con rulos, porque también tenía rulos. Juanita lo miraba desde abajo con sus lentes gruesos tipo carey y no decía nada, su trabajo es vender las obras pero también aguantar a los locos. Los que vienen para decirte que les gustan las obras pero en realidad quieren venderte las suyas. Le escapé lo más que pude, hablando con gente de alrededor hasta que ya no hubo caso y una simple mirada, una mirada estúpida como la mirada que se le puede dar a cualquier desconocido alcanzó para charlar durante más de media hora. Mira yo hice a Ray Bradbury y también hice a este preso que cocinó a una nena y se la comió. Los dibujos eran convulsos, con pinceletazos de tinta negra. Por eso, por eso, y acá el orgullo se le atragantaba en el cuello hasta la tartamudez, por eso le hice este pito que se le sale del cuello. Enfocaba más la imagen hacia sus ojos que a los míos. Y ves acá, acá hay una olla con manitos y la cara de la nena muerta. Agrandaba y achicaba la imagen, que sostenía con su otra mano con el tembleque típico de los perritos. En un momento tuve la esperanza de que en su arrebato rompiera algo y se viera obligado a pagarlo, no sé, por ahí hipotecando su mochila. Cuando los presos se tatúan una araña es porque están hace mucho en la cárcel. y ves que acá le hice dos ojos en las clavículas porque es… bipolar, o bisexual, o bilingue, ya no importa ni me acuerdo. Mi mirada se iba al fondo de la sala, después al techo y después a los rincones buscando un alma que venga a salvarme. Juanita aprovechó para irse apenas me agarró a mi. Y la gente no se mete. No se mete para no aguantarlo. Sería como meterse en un tornado mental, no vale la pena. Varias veces miré para otro lado sin éxito. Pensé que lo mejor sería que fuera al stand de enfrente, donde hay personajes que intentan ser geométricos sin serlo, con pelotas multicolores que se les inflan en la cabeza como cuadraditos Rubik. Pero no, le gustaron mis arañas. Porque efectivamente debe ver todo torcido menos lo que realmente está torcido. Y lo peor es dejarlos hablar, ¿pero qué es lo que uno les puede decir?, ¿que se vaya? Claro que sería lo mejor pero es poco prudente. -Yo soy colega tuyo, mira mis monocopias. Y aparte también soy escultor. A mi me gustan los presos…-

Amor en el Parque Rivadavia

Hoy hay una humedad de mil demonios si es que mil demonios pueden tener esa humedad y es que la tienen. Llueve finito con esa lluvia que te moja solo de verla y con esas gotas que parecen caer a través de un tapiz, no es la lluvia del amor con esos botones grandes que se patinan de las hojas de los árboles. Es una lluvia de un millón de hormigas rojas en forma de agua. Los asientos de los colectivos están húmedos. El tapizado de plástico está pegajoso aunque las ventanillas estén cerradas. Enfrente de la plaza Martín Fierro tengo un kiosco 24 horas que más de una vez me salvó con un arroz un domingo a las 11 de la noche. Esa esquina solo la aguantan un grupo de tipos que se juntan a escabiar, y hoy quedan uno o dos valientes. Atrás de la cortina demoníaca, con la capucha en la cabeza y el cuello polar gris por encima de la cara. ¿Por qué eligen estar ahí antes que en otro lado?, ¿qué otro infierno les espera que prefieren el frente de la plaza y de la lluvia? Solo llevan la campera y el pantalón, un pucho en una mano y una lata de cerveza en la otra. Hoy hasta el pucho no aguanta. Y no aguanta porque seguro, aunque esté bien guardado en el bolsillo interior de una campera impermeable, seguro está mojado. Se apoyan en la ochava y miran por debajo de una nube gris los autos que pasan, la gente que pasa… Y de día no los veo pero de noche están ahí, estoicos frente al enrejado, como una columna que sobrevivió a la semana trágica, encastrados como ladrillos al piso, ¿y qué otro sentimiento, si no es amor a la plaza, me puede explicar una cosa así?

Filosofía del hombre que necesita ladrillos

No sé qué carajo escribir. Porque ya no veo obras. Veo viejas que roban plantas. Mi papá cuando era chica plantó un pino en la vereda. Un pino no habilitado por el gobierno de la ciudad. Era mi espejo, estaba en una maceta desde que tengo memoria y yo comparaba mi propio crecimiento con el del pino. Cuando era adolescente llevó a mi gemelo a la calle, hizo un agujero en la vereda y lo mandó… ¿mi papá era amante de las plantas? De ninguna manera. Pero el pino creció mucho más que yo y le daba sombra cuando estacionaba el auto. Los pibes salían del parque y se llevaban los pinitos o fruteros del pino. No sé para qué los usaban. Una vez una vieja muy amablemente se asomó a la ventana que daba a la habitación y le preguntó a mi mamá si le regalaba una planta, porque tenía dos. Eran unos cactus que elegí yo que caían un poco como pitos pinchados con escamas. Le dijo que no. Al otro día me dijo que vieja de mierda, me robó uno de los cactus, y se llevó el otro al patio, lejos de la vereda.

Laburo nocturno

Qué envidia me dan los que laburan sin horario. Los que duermen sin alarma y van vestidos al trabajo con la ropa con la que después se van a dormir. Para mi estar bien vestida es parte del trabajo, para que alguien me respete, supongo. Pero cuánto le falto el respeto a mi propio deseo. Cuanto más yo debería ser más fisura, que igual lo soy, una fisura bien vestida. 

Las maestras siempre hablan de que se levantan a las 5:50 de la mañana para entrar al edificio a las 7:30. Rezan el Padre Nuestro antes de que salga el sol cagadas de frío en el patio, le dicen a los pendejos que hagan silencio para izar la bandera y de vuelta lo mismo a las 6 de tarde, para guardarla doblada en algún cajón. Yo de a poco pude correr mis horarios más tarde porque conmigo no había caso y hasta las directoras lo entendieron. Hasta tuve que ir al psiquiatra para trabajar mi gusto por la noche. Encima, hay pibitos que no los entiendo, son las 7:30, como dije, y pareciera que en vez de chocolatada desayunaron una línea de merca. Están a los gritos y los empujones y nunca hubo caso con eso. Ahora ya me acostumbré, pero una vez fui a dar clase habiendo dormido 6 horas y sentía que estaba drogada. Dije algo así: papeles piso levantar hay que levantar, piso. Estas peor que mi mama, me dijo una nenita de 6 años. 

Volví a terapia después de 3 años para mejorar eso. La doctora me preguntó ¿seguís pensando lo mismo que antes? y me leyó una frase que le dije la primera vez, que si pudiera no dormiría nunca, porque pierdo el tiempo.


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