PAPPO EN LA BASÍLICA DE LUJÁN

Agustina Gayo y Juan Laxagueborde

De repente como un rayo aparecen unos versos de Leónidas Lamborghini: «edificar algo / muy grande / que me permita olvidarlo todo». La cobertura del pensamiento inmediato lleva a lo que nos pasa ya: una noticia, una mesada enclenque, una tía que no nos quiere, el desastre general, un cumpleaños, unas zapatillas nuevas. ¿Y la del pensamiento que le sigue al inmediato? ¿Llamamos a eso conciencia, reflexión, «tener tiempo», snobismo, inteligencia? Es conciencia porque es inmediata, pero cubrir el pensamiento es una acción rara. Cubrir puede ser huir para volver, y el pensamiento, de alguna manera, vuelve siempre a los mismos lugares, pero los lugares no son siempre los mismos. No hay lugar para el pensamiento, en realidad. Hay lugar para los que piensan. La locura es pensar sin lugar, o con todos los lugares juntos. Preguntarle a alguien sobre el lugar desde el que habla es una pregunta capciosa, de una paranoia obvia. Preferible preguntarle dónde vive.

Pappo iba a una sola iglesia, la basílica de Luján donde vive la Virgen María. Solo iba ahí porque la primera vez que fue a una iglesia fue a esa y dijo que la imagen «del chabón de la cruz» era la misma que tenía su madre en una estampita debajo del vidrio de la mesa de luz. No era católico, era católico de Luján. Su lugar eran dos: su madre y Luján, que es el lugar argentino de la madre santa por Ley del Congreso. ¿Un mendigo alguna vez habrá dicho: Dios, dame un peso? Y si lo dijo, ¿fue en la entrada de alguna iglesia?

No sabemos si en la iglesia hay lugar para los que piensan. Todos piensan en Dios, pero Pappo pensaba en su mamá. ¿Y las mamás en qué piensan? Seguro en que son mujeres y seguro también que piensan cómo aman, o sea, piensan mucho. José Lezama Lima dijo que deseoso es el que huye de la madre. Y eso que él, como Borges, toda la vida vivió con la suya. Pappo, ¿huyó, olvidó, o se quedó? Una de sus canciones más populares es «Mi vieja» («me trae el desayuno a la cama / no existe nadie como mi mamá») pero la letra no es de él, es del hijo de Tato Bores.

Las cosas a veces son evidentes y complejas. Pocas veces. Lo que no recordamos ocupa un lugar y lo que no sabemos ocupa una estancia de nuestro corazón, mejor dicho el universo entero del nombre, de lo que somos. Así, la religión es buscar lo que somos más allá de lo que somos. Dense una vuelta de tuerca ustedes mismos y, después de cerrar los ojos, piensen en quienes los cuidaron. Cuidado, pueden ser arañas del narcisismo.

Si Sartre dijo que somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros, podemos decir que nos hicieron hijos de alguien y que la religión nos ayuda a que rezar nos quede más lejos que la iglesia de la cuadra, del barrio o del pueblo. El triunfo de la religión es que tiene sentido pero el chabón de la cruz, ¿por qué está ahí? En una de sus canciones de jovencito, «Sucio y desprolijo», Pappo grita y suplica un problema inquietante: «son muchos pensamientos para una sola cosa»: 


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